En el año 1777 el gobierno británico tuvo la oportunidad de comprar una colección de arte de talla internacional, cuando los descendientes de Sir Robert Walpole puso su colección en venta. El Miembro del Parlamento argumentó por el gobierno para comprar este “tesoro de valor incalculable”, y sugirió que se alojara en un buen lugar. No salió nada de aquella apelación y 20 años después la colección fue adquirida en su totalidad por Catalina la Grande. Esa colección puede encontrarse ahora en el State Hermitage Museum en San Petersburgo.
Después de la venta de Walpole muchos artistas, incluyendo a James Barry y John Flaxman, hicieron nuevas peticiones para la creación de una Galería Nacional, argumentando que una escuela británica de pintura únicamente podría florecer si tenían acceso al canon de la pintura europea. La Institución Británica, fundada en 1805 por un grupo de conocedores de la aristocracia, trató de abordar esta situación. Los miembros prestaban sus trabajos para exposiciones que se cambiaban anualmente, mientras se mantenía una escuela de arte durante los meses de verano. Sin embargo, como las pinturas que se exponían eran a menudo mediocres, algunos artistas estaban resentidos con la Institución y lo veían como un negocio sucio de la alta burguesía para aumentar los precios de sus pinturas. Uno de los miembros fundadores de la Institución, el Señor George Beaumont, jugaría finalmente un papel importante en la fundación de la Galería Nacional ofreciendo un regalo de 16 pinturas. En el año 1823, otra importante colección de arte llegó al mercado, la cual había sido montada por el recientemente fallecido John Julios Angerstein. Angerstein era un banquero de emigrantes de origen ruso que tenía su sede en Londres, y su colección de 38 pinturas incluía obras de Raphael y series de “Marriage à-la-mode” de Hogarth. El 1 de julio de 1823 George Ellis Agar, un político, propuso a la Cámara de los Comunes la compra de esa colección. El recurso se hizo con dos condiciones: que el gobierno comprara la colección de Angerstein, y que se fundara un edificio adecuado. El inesperado reembolso de una deuda de guerra de Austria hizo que finalmente el gobierno comprara la colección por 57.000 libras.
La FundaciónLa National Gallery se abrió al público el 10 de mayo de 1824, alojada en una antigua casa de Angerstein, en el número 100 de Pall Mall. Las pinturas de Angerstein se juntaron en 1826 con las de la colección de Beaumont, y en 1828 se juntaron con el legado del Reverendo William Holwell Carr de 34 pinturas. Inicialmente, William Séguier se encargaba de la gestión de la galería, pero en julio de 1824 parte de esta responsabilidad recayó en un nuevo grupo de fideicomisarios. La Galería Nacional de Pall Mall se llenaba enseguida de gente, y el calor y su diminuto tamaño en comparación con el Louvre de París fueron causa de vergüenza nacional. Debido a cierto hundimiento en el terreno del número 100, la Galería se trasladó hacia el número 105 de Pall Mall, el cual fue descrito por el novelista Anthony Trollope como “sucio, sórdido, estrecho e inadaptado para exhibir tales tesoros”. En el año 1832 se comenzó la construcción de un nuevo edificio por William Wilkins en Charing Cross, en la zona que había sido transformada hacia el año 1820 en la plaza Trafalgar Square. La ubicación era muy relevante, entre la riqueza del West End y las zonas más pobres del este. Cuando se propuso el proyecto de moverlo a South Kensington en la década de 1850, el argumento de que la colección podría ser visitada por personas de todas las clases sociales fue más importante que otras cuestiones como la contaminación del centro de Londres o los defectos de la construcción de Wilkin. Según la Comisión Parlamentaria de 1857, “La existencia de cuadros no es el propósito final de la colección, sino el único significado de dar a la gente un entretenimiento noble”.
Crecimiento bajo Eastlake y sus sucesoresLos pintores italianos de los siglos XV y XVI estuvieron en el centro del National Gallery y durante los primeros 30 años de su existencia las adquisiciones independientes de la administración estuvieron limitadas principalmente a trabajos de pintores del Alto Renacimiento. Sus gustos conservadores hicieron que perdieran varias oportunidades y la dirección de la galería resultó un desorden total, no haciéndose adquisiciones entre los años 1847 y 1850. Un informe crítico de la Cámara de los Comunes en 1851 pidió el nombramiento de un director, cuya autoridad sería mayor que la de los administradores o fideicomisarios. Muchos pensaron que este puesto iría para el historiador de arte alemán Gustav Friedrich Waagen, a quien la galería había consultado en anteriores ocasiones sobre la iluminación y la exposición de las colecciones. Sin embargo, el hombre preferido para el trabajo por la reina Victoria, el príncipe Alberto y por el primer ministro Lord Russell, fue Sir Charles Lock Eastlake.
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